19.9.11

Aqui no hay calle

Rindo la rienda y aprieto el paso
clavo la espuela y el cuaco corre
abro mis brazos y me siento libre
aprieto mis piernas y él corre más y más
cierro mis ojos y sólo siento
siento que vuelo a lomo de corcel
el taste se abre y el solo corre
no hay meta sólo horizonte.
Aquí no hay calle.

16.9.11

Calle

Calle, en agosto sola y vacía los días de calor extremo.

Calle, con peatones y vagabundos, con turistas y vecinos, con taxistas que esperan y semáforos que abren. Testigo de muertes , testigo de encuentros. Escenario de besos y escenario de robos.

Calle, tu peatón te explora, tu vagabundo te vive.

Calle, el turista te descubre, el vecino te disfruta.

Calle, nos hablas de historias que sucedieron, de vidas que llegaron , de existencias que se truncaron.

Calle, padeces al vándalo y al político.

Calle, acoges al preso liberado, al niño que juega, al anciano que pasea, al adulto camino al trabajo.


13.9.11

Caraguapa

Onde va caraguapa por la calle que lleva al parque,
Calle onde me siento a ver la vida pasar,
Calle onde alguna vez te vi.
Onde va caraguapa, con ese andar
tan vivo,
con ese andar que hace que la calle vibre.
Onde va caraguapa por la calle,
calle de mi casa, casa onde vivo.
Onde va caraguapa.

12.9.11

Calle

Calle, a la hora que atardezca, que casi siempre tiene nombres distintos, casi siempre nombres de números. Calle, a las siete veintiséis, calle a las ocho y media, calle a las cinco cuarenta; calle al atardecer, en alguna banca, en alguna banqueta, caminando a tomar el taxi, caminando para alejarse de los taxistas, caminando a comprar algo de comer, caminando al baño, esperando que llegue alguien que no llega, manejando para llegar a donde alguien ya casi no espera. Digo calle a esa hora, a falta de alguna playa, a falta de algún arroyo, un cerro, algún jardín japonés con sus laguitos y su sushi, claro, o de algún parque canadiense con sus otros laguitos y sus arces, o de algún desierto, con sus sahuaros verdes jugando a ser negros frente al fondo rojo y naranja.
Digo calle a esa hora porque hay que aprovechar la brisita que justo en ese momento se acuerda de su propia existencia y recuerda también que puede soplar, y viene fresca, anunciando quedito que el aire aún es aire y que respirar aún es... bueno.
Al atardecer, calle, aunque sea unos minutos.
Cuando llueva, calle. Aunque sea desquiciada, aunque sea para asegurarse de que el arca sigue ahí, donde se guarda para alguna emergencia bíblica, y que los animales no se han comido entre sí, o que los nacos no la han graffiteado con leyendas como Señor Delegado para Diputado por el distrito 459, porque cuenta la leyenda que ésas no se salvan nunca. Dicen. Calle cuando llueva, para escuchar más claramente, la lluvia tiene un ritmo que cambia a capricho de las nubes, que seguramente algo quieren decir, pero ya tenemos suficiente con intentar entender lo que pasa acá abajo como para meternos en esos asuntos. Pero suena bonito, eso sí. Shhhhhh, o tap tap tap tap tap, o no sé qué jodido sonido tenga la lluvia.
Calle cuando la multitud aquí adentro abruma; calle cuando la soledad aquí adentro abruma. Calle cuando haya que celebrar algo, calle cuando nos la estén queriendo ganar, calle para saciar ímpetus exhibicionistas incipientes, o para conciliar el voyeurismo con la imaginación.
Calle también para coincidir con algún amigo, conocido, alguna infatuación y/o alguna persona non grata, y decir luego qué sorpresa o qué milagro, o qué bien o qué mal te ves, o te oyes, según se sea ciega o no.
Pero calle, sobre todo, cuando haya soñado que la pareja de alguna amiga o algún amigo se le acostaba encima y sentía bonito, bonito. Calle y procure, si se la encuentra ahí, no echársele encima para ver si sí era cierto.
Mucho menos en la calle.

11.9.11

Calle

Calle, he estado en la calle, sentido el ardor del asfalto en las plantas. Calle, enredadera de mis puentes y mis descruces oníricos. Calle de fuego, desiertos y risas. Calle de pies de elefante y velas escurridas. Calle de vuelta, calle de ida. He estado en la calle. Calle de gritos.